Y es que somos cuerpos y no goteras, somos bastante más que una cadena de montaje de válvulas, esfínteres y órganos que se dosifican con miedo a abandonar la cojera de las hienas, somos la rebelión material más sofisticada contra la entropía, milagros de especificidad, pues de los millones de espermatozoides que nadaron en el semen de tu padre por la trompa de tu madre aquella noche de camping sólo tu llegaste al óvulo, inaugurando una combinación genética irrepetible que, a lo largo de sus 27 años de vida tomó millones de decisiones que podían haber virado el rumbo de las cosas hacia desarrollos alternativos, como ser columnista en un periódico local, o repostera, y co-evolucionó con contingencias tan heterogéneas que posibilitaron millones de combinaciones y que fueron decantando, sin ningún plan, tus ilusiones, tus gustos, tus miedos, tus capacidades, hasta que por fin, hoy, giras tu armario para no tener pesadillas o concibes la utopía como algo parecido a recolectar frambuesas para desayunar y que tu casa sea un molino de río, y todas esas cosas únicas que van delimitándote y que siento temblar en tu boca el segundo antes de morderla despacio para simplemente colindarte y que no te pierdas en tu propia inmensidad. Y lo mismo pasó con tu madre y tu padre y sus padres y tu pueblo y tu especie y tu planeta: y así, en todo el universo, y sólo tú eres tú y sólo yo soy yo, y nos une lo contrario al miedo.
lunes, 23 de agosto de 2010
Enamorarse es sembrar una metáfora
Enamorarse es sembrar una metáfora: por ejemplo, una chica torpe y obligarte a abrazarla para que no rompa el mundo.
Un oasis de azúcar en un desierto de sal.
Una chica salida de un cuadro especial: una ciudad en la que los jerseys se tejen directamente de las ovejas, y los barcos de papel navegan por el caño bajo las ventanas, y el sol es una hoguera.
El aleteo de una mariposa que provoca huracanes sin que nadie lo note.
Una holgura para la que ningún cántaro está preparado.
La voz indicada para bajar la guardia.
…
sábado, 28 de noviembre de 2009
LA MUJER Y EL GIGANTE
Hay en el mundo una mujer que tiene un amor secreto, tan secreto que ella ni siquiera lo sabe.
Cuando era niña su amor la llamaba en la ventana de su habitación, pero como era un gigante parecía enfurecido y peligroso, y sus padres no la dejaban salir a jugar con él. Desde entonces su corazón lo busca y el corazón de él también la busca, y se ponen tristes si pasan demasiado tiempo sin verse.
Es una relación complicada, porque él ocupa casi las tres cuartas partes de la Tierra y ella apenas un metro sesenta de cuerpo, pero eso sí, muy bonito y voluptuoso. Poco a poco ella fue perdiendo el miedo y el pudor. Le contó sus secretos y él le habló en el oido de la plenitud. Ahora en verano ella se entrega a él completamente desnuda, él la envuelve enamorado y ella, por fin, se siente cántaro no preparado y no sólo holgura. Y en uno de sus últimos baños el gigante, celoso de los hombres hechos a la altura de su placer, la dejó embarazada.
Ahora sus otros amantes pegan el oído en su viente, y si de verdad la quieren, escuchan murmurar una caracola, hija del mar. Y comprenden que sólo él puede amarla a la altura de su libertad y de su amor. Pero no temen, se alegran. Entre otras cosas, esto explica porque dormir en la orilla de esta mujer sabe a infinito.
miércoles, 7 de octubre de 2009
DEL VALOR DE NO DORMIR SOLO
No resultará extraño para muchos que hoy, superada al menos superficialmente la psicosis pecaminosa del cristianismo, dormir tenga implicaciones emocionales más fuertes que follar. Es ya un lugar común de nuestro tiempo la sensación de que, después de un polvo, y tras ciertos chapoteos más o menos eróticos, el amante sobra. Follar, por desgracia y en tanto que proceso que aun reducido a lo puramente fisiológico es apasionante, se adapta bien a un mundo donde la velocidad y un placer egoista e infantilizado imponen sus mediocres leyes. Aquí estamos, instantáneos, de usar y tirar, usandonos el uno al otro como si fueramos cosas para corrernos y pasárnoslo bien. Poyas y coños que responden como perros de Paulov.
Dormir junto a alguien exige una disposición diferente.
Por un lado dormir te expone a peligros, por lo que dormir con alguien es una apuesta en la confianza. Por otro lado, el tacto de los cuerpos tiene, en el dormir acompañado, un horizonte quizá menos excesivo pero mucho más profundo y enigmático, que no puede dejar de testimoniar una frontera, y por tanto una pregunta que vuelve sobre uno mismo. A nivel psicológico, la noche siempre ha sido la caída de las sombras (los fantasmas de la noche), el momento en que recapitulamos los días y la vida y hacemos balance, en el que somos conscientes del paso del tiempo, en el que sentimos la soledad, en el que aparecen los sueños y sus extrañas preguntas, en el que tiritamos por nuestra inmortalidad fracasada. La noche nos pone la realidad a flor de piel. La noche nos vuelve íntimos. De alguna manera, las personas necesitamos pasar la noche como se pasa un puerto de montaña o una emboscada, y nos acurrucamos con algo, bien sea un recuerdo, una almohada, un sueño, un deseo, o un cuerpo que se tenga a mano, y con el que exista la comodidad y la complicidad para ser naturales, frágiles y sencillos, como son las briznas de hierba.
En esta sociedad de idiotas patológicamente incapaces de comprometerse ni compartir nada, en el que cada decisión o gesto parece que te cierra una puerta para algún día llegar ser esa estrella del rock o del cine que todos creen llevar dentro, tener ganas de dormir con alguien, y no simplemente dejarse caer en los alrededores de un polvo, porque ya no pasa el bus o porque se esté demasiado cansado para irse, es una señal que apunta al amor.
Se podía haber dicho con menos rodeos:
La noche, contigo,
me orilla la vida.
Yo,
que siempre muero ahogado
en el fondo del vértigo:
naufrago, al fin,
en la isla desierta de tu respiración.
Mi infinito encuentra en tu piel su resumen.
miércoles, 19 de agosto de 2009
ESCUCHA EL DISCO EN YOUTUBE: CATÁLOGO DE ESPECIES DE AMOR NO IDENTIFICADAS
7 minutos
Saca las uñas niña buena
Acontecimientos con pies de alondra
La carretera abierta
Noticias de un mundo nuevo
Síndrome de la realidad infinita
Especies de amor no identificadas
Aviones de papel
Tal y como son las cosas
sábado, 15 de agosto de 2009
jueves, 30 de julio de 2009
LAS ORDENES DE MAYO
"Y como si fuera tu cardiólogo, me dejabas examinar tu corazón frondoso, lleno de especies de amor no identificadas".
Hay tantos tipos de amor como copos de nieve, y la mayoría de los amores se viven sin saberlo bien, sin poder entender del todo ni su tamaño ni su valor, sin saber hacerlos florecer; como los copos de nieve, que se derriten sin que nadie se de cuenta de que cada copo es único. Pero el cuerpo sí comprende, el cuerpo sí sabe porque apunta al amor, y aunque la magia de cada amor apenas se entrevea, porque todo el mundo actual esta organizado para impedirla, siempre deja unas pistas, siempre hay unas huellas.
Queremos remontar esas huellas y alcanzarnos de pleno, queremos poner nuestra luz en el mundo porque nos lo merecemos, queremos vivir siempre un paso más allá del vértigo, queremos romper con todos esos modelos, mitos y poemas que reducen el amor a un puñado de caricias de carcelero.
Amor libre, amor loco, amor de final de verano, amor que ha recuperado el rumbo de las estrellas, amor que convierte la espera en esperanza y amor que camina con los pies en el aire, amor sin colorantes artificiales, amor de estación seca y amor de estación húmeda, amor tan secreto que ni el que ama lo sabe, amor que descubre las cuatro llaves del mar, amor que es lo que será.
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